Ni derecha dura ni mano dura: El nuevo circo político que se viene para el Perú
Si algo nos ha enseñado la política peruana, es que las etiquetas ideológicas suelen quedarse en los afiches de campaña. Ante la llegada de Keiko Fujimori a la presidencia, la promesa de una "mano dura" contra la delincuencia probablemente termine estampándose contra la misma realidad: más que una era de orden o liberalismo a ultranza, lo que se vislumbra en el horizonte se parece mucho más a un socialismo fabiano a la criolla, aderezado con el inevitable espectáculo de la plaza pública.
¿Qué significa esto en el día a día para los peruanos?
La ilusión de la voluntad contra el crimen organizado: Frente a la sangría diaria de la extorsión impuesta por mafias y bandas transnacionales —mexicanas, venezolanas y sus socios locales—, la respuesta oficial no será una estrategia de inteligencia rápida y desarticulación real. La prioridad no será erradicar el problema, sino administrarlo. Veremos declaraciones de emergencia interminables, despliegues policiales para la foto y un discurso populista para la tribuna, mientras el emprendedor peruano sigue pagando el "cupo" diario para no ser asesinado.
Un Estado asistencialista que crece mientras la calle sangra: En lugar de reformas profundas, el gobierno apostará por la estrategia fabiana tradicional: un estatismo gradual y clientelar. Se repartirán bonos, subsidios y ayudas sociales para anestesiar el descontento de la gente y compensar la falta de seguridad, prefiriendo mantener a la población dependiente del Estado antes de devolverle la libertad de trabajar tranquilos.
Capitalismo de compadrazgo y abandono al emprendedor: Mientras el pequeño comerciante y el microempresario son arrinconados por la violencia y los impuestos de una burocracia cada vez más cara, los grandes grupos de poder seguirán negociando regulaciones a la medida. El costo del desorden y la inseguridad lo seguirán pagando de su bolsillo la inmensa mayoría informal.
El circo con nuevos payasos: La gobernabilidad se mantendrá a base de repartija de cuotas de poder en el Congreso y ministerios. Veremos desfilar nuevos rostros en las carteras de Interior y Defensa, pactos para salvar censuras y distractores mediáticos. Las acrobacias políticas continuarán mientras la carpa de la extorsión sigue cobrando vidas.
En conclusión, los próximos cinco años amenazan con no ser la revolución de seguridad que muchos esperaban, sino una gestión tibia, burocrática y populista. Un show renovado donde las mafias seguirán operando, el gobierno seguirá gastando, y el peruano que se rompe el lomo trabajando seguirá poniendo el cuerpo y pagando la cuenta.

Comentarios
Publicar un comentario